Descubre los tratamientos más eficaces para la dermatitis atópica

¿Cuáles son los tratamientos más eficaces para frenar la dermatitis atópica? Seguro que si has llegado hasta aquí, esta pregunta habrá pasado por tu mente en algún momento. Así que, ¡enhorabuena, por fin has llegado al lugar correcto!

Notas una pequeña molestia en tu cuerpo, un picor que identificas muy bien. Luchas por no rascarte, pero esa incomodidad va a más.

Descubre los tratamientos más eficaces para la dermatitis atópica

Llevar tus manos a esa zona sería tan agradable… Pero no debes. Sin embargo, al final acabas cayendo en la tentación. Era irresistible.

Esa es la mayor trampa de la dermatitis atópica, pues de esta manera se irrita todavía más la zona y entras en un círculo del que es difícil salir.

Pero, ¿cómo puedes actuar en estos casos? ¿Hay alguna forma de reducir este dolor? ¿Cuáles son los tratamientos más eficaces para frenar esta afección cutánea?

Estas, y muchas cosas más, es lo que vamos a explicar en este artículo, en el que haremos un repaso de la información fundamental que debes conocer de cara a paliar los síntomas de la piel atópica.

Conocimientos básicos: todo sobre la piel atópica

Aunque lleves años con esta afección, es posible que aún no sepas por qué se produce exactamente o cómo reacciona tu organismo ante ciertos estímulos.

Es normal, pues no siempre nos explican la mecánica que existe detrás o estamos tan enfocados en resolver el problema, que no nos paramos a pensar más allá de eso.

Pero para eso estamos aquí, para aclarar estas dudas tan comunes, de manera que luego sepas cómo actuar mejor tanto para protegerte como para prevenir, que es lo importante.

¿Qué es la dermatitis atópica?

Es una enfermedad crónica relacionada directamente con el grado de la vulnerabilidad de la dermis, que es mucho más sensible ante los distintos factores (externos, internos y hasta emocionales).

De manera que los agentes químicos y físicos le afectan de forma más directa, generando unos visibles eczemas, consecuencia de la sequedad cutánea, lo que lleva a que la zona se irrite, enrojezca y, posteriormente, pique.

De esta forma, se genera un ciclo eterno por culpa del inevitable rascado, que lleva a que el área se descame e inflame más, para luego dejar paso a una infección.

Como resultado, obtenemos una dermis visiblemente deteriorada y desmejorada, que -más allá de lo puramente estético- resulta muy molesta en todo momento.

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¿Por qué se produce?

Uno de los principales motivos de la sequedad que desencadena todo es la la falta de ceramidas en la composición lipídica de la dermis.

Este compuesto cumple varias funciones vitales, como la de mantener la nutrición dentro de los tejidos cutáneos -de forma que no pierdan hidratación-, conseguir que no pierdan elasticidad con el paso del tiempo y fomentar la cohesión entre las diferentes células.

Es decir, que esencialmente sirve para que no se quede tersa y debilitada frente a los factores externos.

Pero, ¿por qué padecemos este problema? En gran parte se debe a una cuestión de herencia genética, que como resultado hace que tengamos esa alteración en la composición normal de la piel.

Por tanto, el factor principal que desencadena la dermatitis es algo que no podemos controlar.

Además de lo ya mencionado, juegan un rol esencial otros elementos:

Es decir, que hay diferentes factores que la desencadenan y que tenemos que tener en cuenta.

¿Es una afección peligrosa?

Es lógico que, al ver lo desmejorada que queda la piel, hasta el punto de que incluso llega a sangrar en muchas ocasiones, te preguntes si este problema tan molesto es al mismo tiempo grave.

Afortunadamente no, ya que afecta solo a la piel, desmejorándola y haciendo que duela.

Pero, claro, esta incomodidad puede ser tan intensa como para acabar afectando tu rutina, ya que en casos extremos impide un correcto descanso o causa problemas de autoestima, por lo que baja nuestra calidad de vida.

Tampoco debemos pasar por alto que en muchas ocasiones la dermatitis atópica está estrechamente relacionada con cuestiones de alergia, que pueden desencadenarla o, también, agravarla.

Esto se debe a que el organismo reacciona de manera exagerada ante determinados estímulos, como si se trataran de amenazas, por lo que libera demasiada histamina.

Por ese motivo es importante que, en caso de notar otros síntomas como congestión nasal, conjuntivitis o asma, acudas directamente a tu médico, pues podría ser adecuado que te realicen unas pruebas.

Por desgracia, como ya hemos dicho, esta afección es una alteración crónica, lo cual quiere decir que no existe una cura definitiva, ya que este mal en ningún caso será pasajero o desaparecerá de un día para otro.

Vamos, que vas a tener que aprender a vivir con ello. Pero no desesperes, pues existen diferentes maneras sencillas de suavizar sus inconvenientes y lograr lucir una piel suave, bonita y, sobre todo, sana.

Los mejores tratamientos para la dermatitis atópica

Como ya te adelantaba, si vas con cuidado, sigues una serie de pautas y tomas medidas, podrás hacer frente a la dermatitis sin mayores complicaciones y tener la piel preparada para cualquier situación.

Eso sí, ten en cuenta que si ella es persistente, tú tendrás que serlo más, por lo que tu primera herramienta tiene que ser siempre la paciencia.

Seguida de la constancia, ya tienes las dos principales claves para comenzar.

Antes de proseguir con los diferentes tratamientos, no pierdas de vista que no todos serán igual de eficaces en cada caso, pues cada persona es un mundo.

Por eso a veces será necesario que hagas algo de ensayo y error.

Del mismo modo, estas pautas están dirigidas sobre todo a calmar las molestias, reducir la irritación y mejorar la calidad de vida, pero también a restaurar la barrera de protección de la piel para que no quede tan expuesta a factores externos.

Cremas para la piel atópica

Este punto es el más interesante para mí, ya que los productos profesionales son la mejor manera de conseguir un alivio inmediato, una hidratación profunda y unos resultados duraderos que se prolonguen en el tiempo.

Sin embargo, no valdrá cualquier cosmético, así que aquí te voy a explicar en qué elementos conviene bien que te fijes antes de lanzarte a comprar.

Lo primero es que leas bien el etiquetado y prestes especial atención a su fórmula, tanto a los compuestos que lleva como las cantidades en las que aparecen, pues esto será lo que determine su eficacia.

En esa línea, busca siempre que sus ingredientes sean cuanto más naturales, mejor, ya que así te aseguras que no dañen la dermis ni vengan acompañados de contraindicaciones.

Para evitar problemas, evita que entre sus elementos haya parabenos, irritantes, alcoholes, fragancias y otras sustancias nocivas o dañinas para pieles sensibles.

En el lado contrario, la glicerina, los aceites, la urea y los emolientes conseguirán repararla y, al mismo tiempo, proporcionarte el alivio que tanto necesitas.

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Si quieres potenciar sus resultados, conviene que la emplees siempre después del baño, aprovechando que la piel todavía está algo húmeda, ya que de esta forma el producto penetra mejor.

Además, tendrás que utilizarla a diario, siendo conveniente que hagas un mínimo de dos aplicaciones al día, una por la mañana y otra por la noche.

En cuanto al mejor método para extenderla, mi recomendación es que lo hagas teniendo cuidado de no dejar ninguna zona por cubrir, que realices una ligera presión y amplios movimientos circulares que se vayan condensando en las zonas más afectadas.

Así se reactiva la circulación -de manera que la sangre pueda aportar los nutrientes necesarios a la dermis- y se fomenta una mejor absorción.

De todas formas, si das con un buen producto no tendrás que preocuparte de efectos secundarios o adversos a corto, medio o largo plazo.

Así que usa la crema todas las veces que sea necesario, en especial en aquellas zonas que suelen verse más afectadas (como pueden ser las manos o los codos).

Si se cumplen estos puntos, el producto conseguirá restaurar la barrera cutánea, que se ha visto dañada por culpa del rascado.

Así, la piel tendrá de nuevo la protección necesaria para evitar que se produzca una pérdida de agua transepidérmica o, lo que es lo mismo, que quede desnutrida y se reseque, dando lugar al terrible ciclo del que ya hemos hablado.

Evita los desencadenantes

La mejor defensa es siempre una buena protección, por lo que, si tienes presentes qué factores desencadenan el problema, intenta reducir al máximo tu exposición ante ellos para conseguir una mejora rápida.

O, al menos, ir siempre con cuidado cuando nos enfrentemos a determinadas situaciones.

Con esto, seguro que tanto tu dermis como tú os encontráis mejor.

Por último, no olvides que el factor de prevención más importante es que te mantengas perfectamente hidratado.

Bebe mucha agua a diario y lleva siempre una botellita encima, para que no pierdas de vista pegarles sorbos de vez en cuando.

Incluso si tienes mala memoria, puedes usar aplicaciones del móvil para ponerte recordatorios.

Remedios caseros naturales

Aunque la prevención está muy bien y es necesaria, también puedes complementarla con pautas más activas, que sirven tanto para calmar las molestias como para ofrecerle una ayudita al cuerpo frente a estos molestos síntomas.

Si además te gusta hacer las cosas por ti misma y confías en los remedios de origen natural, seguro que este punto es de tu interés.

Al final, se trata de aprovechar las múltiples propiedades de las plantas en nuestro beneficio, como se lleva haciendo en la medicina tradicional desde hace siglos.

Para empezar, hay maneras sencillas de proporcionar un alivio inmediato en la dermis de forma sencilla.

El método más conocido consiste en usar el interior de las hojas del aloe vera, una sustancia de aspecto gelatinoso y color verde que entre sus diversas propiedades curativas y regenerativas tiene la de calmar las áreas inflamadas.

La versión alternativa consiste en machacar un aguacate, hacer una pasta (para darle una consistencia más líquida y mejor olor yo lo acompaño de unas gotitas de aceite esencial) y dejarla reposar sobre la zona afectada durante unos 10 o 20 minutos.

Después, solo tendrás que aclarar con abundante agua tibia y secar con una toalla -que sea de algodón mejor- sin arrastrarla por la zona.

En la misma línea, preparar una manzanilla o una infusión de caléndula, dejarla enfriar en la nevera durante unos minutos y luego aplicarlo mediante gasas empapadas, tendrá un efecto calmante y te reducirá notablemente la inflamación.

En caso de que prefieras un ungüento, mézclalos con media taza de avena (un cereal que alivia el dolor e impide la deshidratación) y un litro de agua, que le darán una consistencia más densa.

Una opción interesante es la de ingerir algunos compuestos -previamente preparados para que sean aptos, claro- para que actúen desde el interior del organismo.

Es el caso de la alfalfa, que mejora el aspecto general de la dermis, o de la infusión de fumaria, que permite eliminar el exceso de histamina (la sustancia que segrega nuestro cuerpo y que genera la inflamación).

A su vez, opciones depurativas como el diente de león o la ortiga conviene incorporarlas en la dieta.

Por su parte, la bardana es también un excelente depurativo, ya que actúa directamente sobre los riñones y el sistema linfático, permitiendo que estos eliminen las toxinas acumuladas en las células cutáneas.

Algo similar es el método de actuación de la cúrcuma, un antiinflamatorio que logra que el hígado se deshaga de las sustancias nocivas que dan lugar a los eczemas.

Medicamentos

Lo primero que quiero aclarar es que solo será un profesional cualificado quien pueda recetar estos productos, que únicamente deben usarse bajo receta y un estricto control médico.

De lo contrario podrías sufrir graves y peligrosos efectos secundarios, así que por favor sigue siempre las indicaciones de tu especialista.

Dicho esto, las medicinas suelen emplearse en momentos de brotes muy violentos, para paliar las molestias y fomentar la rápida recuperación de la piel.

En esa línea, las cremas con corticoides suelen ser las más habituales, ya que estos productos son de fácil aplicación, ya que se usan igual que las cremas cosméticas, extendiéndose sobre la piel recién lavada.

La diferencia es que si estás en este tipo de tratamiento tendrás que tener especial cuidado con el sol.

En caso de que tu piel ya se haya infectado, puede ser necesaria incluso una crema antibiótica que combata las bacterias de la dermis.

La sensibilidad de la zona hace que su aplicación escueza ligeramente, pero por los resultados merece la pena pasar por este mal trago, ya que se nota una pronta mejoría.

Otra alternativa son los antibióticos orales, que se toman durante menos tiempo y sirven para lo mismo.

También existen pastillas que ayudan a controlar la inflamación, para evitar que vaya a más, aunque son productos agresivos cuya vigilancia médica es todavía más importante.

Y, por supuesto, en este grupo englobamos los antihistamínicos, que previenen los síntomas de la alergia.

Al mismo tiempo, puedes acudir a la terapia con luz, que es beneficiosa para momentos puntuales en los que necesites un apoyo extra, sobre todo si el tratamiento habitual no te está haciendo efecto.

Una vez más, será un especialista quien decida si la fototerapia es adecuada en tu caso y qué duración tendrá que tener esta terapia, ya que sus efectos a largo plazo pueden ser perjudiciales para la piel.

O, si prefieres un tratamiento más sencillo, aplicar vendajes húmedos tras haber aplicado corticosteroides adecuados para el uso típico permiten darle un cuidado intensivo a las zonas más afectadas.

Pero, insisto, no puedes realizar esto en tu casa por tu cuenta sin antes haberlo consultado con tu médico de cabecera.

Después de este extenso resumen con los tratamientos más eficaces para la dermatitis atópica, espero haberte ayudado a aclarar esas dudas tan habituales acerca de esta afección.